La vida en dos
3 de
enero
3 de
enero 2007
2007
Nadie sabe qué pasó con Eliana Quintero. No hay pistas ni sospechas. Era diciembre cuando se supo de ella por última vez: “Hola, Nonita, ¿usted me ama?”, le dijo a su abuela por teléfono. Desde entonces su cuarto quedó congelado en el tiempo.
3 de enero 2007
Eliana desapareció la noche del 3 de enero de 2007.
Alrededor de las 7 p.m. le dijo a su abuela:
“Nona, ya vengo, voy a hacer una llamada”.
Nunca
volvió
Nunca volvió

Jan Carlos Quintero, hermano de Eliana.
Es como si la tierra se hubiera abierto y
se la hubiera comido.
Nadie nos da razón de ella.

Uno de los hobbies de Eliana era tocar violín.

Uno de los hobbies de Eliana era tocar violín.





El diario La Opinión publicó que el 6 de enero de ese mismo 2007, también desapareció Gladys Zapata, al igual que el conductor de transporte público Pedro Castillo; el 7 de enero desapareció la estudiante Íngrid Valencia; el 8 de enero desapareció Diana Valderrama; el 9 de enero fue Salustiano Durán; y el 10 de enero desaparecieron Yohana Altamar, Joan Chaparro y Henry Pacheco.
Todos en la ciudad
de Cúcuta.

Gilma Torrado, abuela de Eliana.
Para mí,
ella está viva

Anyul Quintero, madre de Eliana.
Desde que ella se desapareció
la alegría en la casa se fue.
Ya no hay un diciembre,
ya no hay un 24, ya no hay un 31,
ya no hay un arbolito...
Desde que ella se desapareció la alegría en la casa se fue. Ya no hay un diciembre, ya no hay un 24, ya no hay un 31, ya no hay un arbolito...

Pilar Parra, amiga de Eliana.
Eliana estudiaba Derecho en la Universidad Libre de Cúcuta.
Jan Carlos ha hecho búsquedas en los municipios de Puerto Santander, Tibú, La Gabarra, El Tarra y Ocaña. Repartió cerca de mil volantes y pegó afiches en el consulado de Venezuela y en la alcaldía municipal de El Zulia, nunca ha recibido ningún tipo de información que le ayude, al menos, a entender la desaparición de su hermana.
También ha hecho uso de redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter para publicar fotos y datos de Eliana. Al día de hoy, publica una foto cada ocho o quince días.
Gilma viajó dos veces a la ciudad de Bogotá para encontrarse con un par de videntes que no ofrecieron más que palabras confusas.
“Ella la va a llamar dentro de ocho días” o “tranquila, dentro de un mes aparece”.
El teléfono nunca ha sonado y Eliana no ha regresado. Inventaban imágenes y describían escenarios oscuros y desolados de los lugares en los que Eliana podría estar. “Juegan con el dolor ajeno, con la angustia y la necesidad de encontrar respuestas”, dice.
Yo la veo a ella. Yo cierro los ojos, trato de no abrirlos, pero se me desaparece.
Un especial de desaparición en Colombia
Un especial de desaparición en Colombia